Frases de Friedrich Wilhelm Nietzsche

  • Cuando dos antiguos amigos se vuelven a encontrar después de una larga separación, sucede muchas veces que afectan tener interés por cosas que les han llegado a ser completamente indiferentes; a veces lo notan ambos y no se atreven a descorrer el velo, a causa de una duda un poco triste. Así es como ciertas conversaciones parecen sostenerse en el reino de los muertos.

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  • Cuando nos transformamos radicalmente, nuestros amigos, los que no se han transformado, se convierten en los fantasmas de nuestro propio pasado; su voz resuena en nuestros oídos como si viniera de la región de las sombras, como si nos oyésemos a nosotros mismos, más jóvenes, pero más duros y menos maduros.

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  • La cultura griega del periodo clásico es una cultura de hombres. Por lo que a las mujeres respecta, todo lo dice Pericles en el discurso fúnebre con las palabras: tanto mejores son cuanto entre los hombres se habla de ellas lo menos posible. La relación erótica de los hombres con los adolescentes fue, en un grado inaccesible a nuestra comprensión, el presupuesto necesario, único, de toda educación viril (más o menos tal como entre nosotros durante mucho tiempo toda la educación superior de las mujeres sólo la reportaban los amoríos y el matrimonio); todo el idealismo de la fuerza de la naturaleza griega se vertió en esa relación y probablemente jamás han vuelto nunca los jóvenes a ser tratados tan atenta, tan amorosamente, tan absolutamente tomando en consideración su sumo bien ('virtus'), como en los siglos VI y VII, esto es, conforme a la bella máxima de Hölderlin: «pues amando da el mortal lo mejor de sí».

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  • La mediocridad es la más feliz de las máscaras que puede usar un espíritu superior, porque el gran número, es decir, los mediocres, no sospechan que en ello haya engaño; y, sin embargo, por esto es por lo que se sirve de esta arma el espíritu superior: para no irritar, y, en casos no raros, por compasión y bondad.

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  • Durante el sueño, el hombre, en las épocas de civilización y rudimentaria, aprende a conocer un segundo mundo real; tal es el origen de toda metafísica.

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  • La perfecta claridad de todas las representaciones en el sueño, que descansa en la creencia absoluta en su realidad, nos recuerda los estados de la humanidad anterior, en los que la alucinación era frecuente y se enseñoreaba de tiempo en tiempo de comunidades enteras a la vez y aún de pueblos enteros. Así, en el sueño rehacemos una vez más la tarea de la humanidad anterior.

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  • El error ha hecho al hombre bastante profundo, para hacer proceder de él las religiones y las artes.

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  • Aun el hombre más razonable tiene necesidad de volver a la Naturaleza, es decir, a su relación fundamental ilógica con todas las cosas.

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  • Somos, por nuestro destino, seres ilógicos, y por lo mismo injustos, y, sin embargo, no podemos reconocerlo. Tal es una de las mayores y más irresolubles inarmonías del universo.

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  • La brevedad de la vida humana conduce a muchas afirmaciones erróneas sobre las cualidades del hombre.

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  • Pueden prometerse acciones, pero no sentimientos, porque éstos son involuntarios. Quien promete a otro amarlo siempre u odiarlo siempre o serle siempre fiel, promete algo que no está en su mano poder cumplir; lo que puede prometer son actos o manifestaciones, que si bien ordinariamente son consecuencia del amor, del odio, de la fidelidad, pueden también provenir de otras causas, puesto que caminos y motivos diversos conducen a una misma acción.

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  • Si las miradas bastaran para matar, ya habríamos muerto hace tiempo.

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  • Hay derecho que nos permite tomar la vida de un hombre; no hay ninguno que nos permita tomar su muerte; es pura crueldad.

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  • La maldad no tiene por fin esencialmente el sufrimiento del otro, sino su propio gozo, bajo la forma, por ejemplo, de un sentimiento de venganza o de una fuerte excitación nerviosa.

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  • Cuando un hombre rebaja su talento únicamente para ponerse al nivel del lector, comete un pecado mortal que éste no le perdonará nunca, suponiendo, por supuesto, que se dé cuenta de ello. Puede uno decirle al hombre cosas atroces, pero enalteciendo su vanidad.

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  • El mejor escritor es aquel que se avergüenza de serlo.

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  • "Soportamos más fácilmente la mala conciencia que la mala reputación"

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  • "¿Quién nos contara alguna vez la historia de los narcóticos, que es casi la historia de la cultura, de la denominada cultura superior?"

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  • "¡Dios está muerto! ¡Dios queda muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!"

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  • "Pues primitivamente, siempre que el hombre veía que se producía un acontecimiento, creía en la existencia de una voluntad como causa de aquel, así como en la de seres que actuaban personalmente en un segundo plano. La idea de la mecánica le resultaba totalmente extraña"

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  • "Porque lo necesario es que el hombre llegue a estar contento de sí mismo, independientemente de que ello lo consiga con este o con aquel tipo de arte o poesía"

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  • "¡Llevemos la luz a la Tierra, seamos "la luz de la tierra"! Para eso tenemos alas, por eso somos rápidos, severos, viriles, incluso terribles, semejantes al fuego. ¡Qué nos teman quienes no saben calentarse ni alumbrarse con este fuego que somos!"

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  • "Toda clase de maestría se paga muy cara en este mundo, donde tal vez todo se paga muy caro."

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  • No respondió Zarathustra, yo no doy limosna. No soy lo bastante pobre como para dar limosna.

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  • El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre una cuerda sobre un abismo.

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  • La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un 'tránsito' y un 'ocaso'.

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  • ¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: el que siente de otro modo va de buena gana al manicomio.

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  • Inexpresable y sin nombre es aquello que constituye el tormento y la dulzura de mi alma, y que es incluso el hambre de mis entrañas.

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  • Yo odio a los lectores ociosos.

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  • Vosotros miráis hacia arriba cuando buscáis elevación, yo miro hacia abajo, porque estoy elevado. Decidme, ¿quién de vosotros puede reír y a la vez estar elevado? El que asciende a las más altas montañas se ríe de todas las tragedias: de las del teatro y de las de la vida.

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  • En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.

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  • Yo no creería más que en un dios que supiese bailar.

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  • Si fueran compasivos de verdad, quitarían a sus prójimos el gusto de la vida. Ser malvados - ésa sería su verdadera bondad.

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  • Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol. Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo hacia el mal.

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  • Estado se llama al más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: "Yo, el Estado, soy el pueblo".

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  • Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él.

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  • La castidad es en algunos una virtud, pero en muchos es casi un vicio.

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  • Al hombre de conocimiento le disgusta bajar al agua de la verdad no cuando está sucia, sino cuando no es profunda.

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  • Dos cosas quiere el hombre auténtico: peligro y juego. Por ello quiere a la mujer: el más peligroso de los juegos.

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  • Vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos.

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  • Injusticia dividida es justicia a medias.

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  • Muchas breves tonterías: eso se llama entre vosotros amor. Y vuestro matrimonio pone fin a muchas breves tonterías en la forma de una única y prolongada estupidez.

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  • El hombre del conocimiento no solo tiene que saber amar a sus enemigos, tiene también que saber odiar a sus amigos.

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  • Sólo donde hay sepulcros puede haber resurrecciones.

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  • Los remordimientos enseñan a morder.

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  • También Dios tiene su infierno: es su amor a los hombres.

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  • ¡Lo terrible no es la altura sino la pendiente!

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  • Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen al mundo.

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  • Bien lo sabes: ese demonio cobarde que llevas dentro a quien complace juntar las manos y cruzar los brazos, y sentirse más cómodo ese demonio cobarde te dice: ¡Existe un Dios!

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  • ¡Oh, voluntad, viraje de toda necesidad, 'necesidad' mía! ¡Resérvame para 'una' gran victoria!

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